“¡Garros a la órbita!”

Fernando del Río, “Que así sea” (Ediciones B – 2010)

por Gonzalo Viñao


“Que así sea” es una novela sobre el destino, sobre esa huella que perseguimos como si se tratara de un rastro trascendental, mirando hacia atrás y adelante en el intento de rearmar en la imaginación el camino, pero sin saber por qué o a dónde nos lleva. Una novela sobre la influencia que esa huella, el destino, ejerce en unos personajes inestables, personajes en estado crítico/crónico. Esos personajes, frente a las cuestiones del destino e incapaces de resolver sus misterios, se dejan llevar “como quien se relaja haciendo la plancha en el mar y termina a doscientos metros de la costa escuchando los silbatazos del bañero”; en un contexto de fantasía macabra, la desorientación general no es otra que nuestra propia desorientación en la vida cotidiana, y en el contraste entre la vida real y la ficción aparecen con elocuencia nuestras propias dudas y ambigüedades, nuestras vacilaciones, reflejadas en un mundo cuya ausencia de sentido es idéntica a la ausencia de sentido en nuestro propio mundo. “Que así sea” es, entre otras cosas, una fantasía oscura que se libera de nuestra realidad concreta (arrinconándola) hasta causar el vértigo de una realidad probable, a la que agradecemos sus giros más escatológicos (porque ahí, y sólo ahí, podemos respirar “aliviados” y decir “no, esto no es posible”…)

FdR se detiene a jugar en las sombras de la experiencia, desde ahí construye un punto de vista que incorpora lo morboso y lo grávido, con una oscuridad que se muestra a plena luz del día, como un hábito, como cualquier otra costumbre atávica, una de esas costumbres que definen a los hombres a través de las épocas. Esto pone al lector en una situación difícil: los aspectos más oscuros de la novela son el único oasis, hay que beberse con los ojos lo más sucio, porque el resto, lo que en apariencia es más alegre y tranquilo, nos hace sospechar de nosotros mismos y del mundo en que vivimos, un mundo con los brazos abiertos para recibir en su ceno las fantasías más terribles que habitan este relato.

El más actual y descarnado folclore urbano, en su oscuridad anónima, morbosa, se mueve impunemente en esta historia, una historia que transcurre en una ciudad impune:  mar del plata en las calles, en los bares, en la arquitectura de encuentros y desencuentros sobre el espacio urbano, en plazas y supermercados, pero también en el pulso, en el imaginario cotidiano: en el Dr. Rolita, médico cirujano devenido curandero, que a raíz de cierto asunto legal se alejó de los quirófanos para siempre; en los adolescentes enamorados y en la proyección a la locura de los nuevos hábitos y de las nuevas tribus; en la vieja enfermera devota, con sus alardes de religiosidad egoísta y temerosa, abnegada, siempre fuera de época; en el estudiante renegado que atraviesa la vida como si de verdead se tratara de un misterio. Para todos: la búsqueda infinita de manifestar un dolor consustancial a la existencia a través de la corrupción moral, las amputaciones físicas y las supersticiones religiosas.

Una construcción sinfónica reúne a los personajes, una arquitectura en la que cada cual toca su instrumento como mejor sabe hacerlo y en sus propios términos, y se ponen en órbita unos en relación con los otros, a veces hasta la colisión perfecta. Sobre la historia, envolviéndola en su sombra, la figura del padre, las relaciones y los ecos que surgen de ella, su presencia, como la clave inhallable para descifrar un acertijo imposible.

Si la novela se hubiera publicado un siglo atrás, llevaría un prólogo que dijera más o menos lo siguiente: para recaudo de los tontos, y para que aprendan, sin necesidad de enfrentar a la cruda realidad en sus ámbitos más sórdidos, sobre los males de este mundo. Y muy especialmente para los padres (esto ya no en el prólogo, esto es asunto mío), los hombres de familia, y las madres, siempre tan temerosas; nunca está de más averiguar cuáles son las fantasías turbias que andan por ahí, mientras dormimos la siesta y los chicos juegan en la esquina.

Cuando empecemos a escuchar en las calles desamparadas los gritos de “¡Garros a la órbita!”, dará sus frutos haberse tomado el tiempo de leer esta novela.

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3 comentarios to ““¡Garros a la órbita!””

  1. ah muy bien, estrenamos casa virtual, me alegro, me alegro. te mandaría una ciberplanta de inauguración, pero no soy ducha para ciertas cosas de la tecnología.
    nos seguimos, abrazo,

  2. Muy buena,atrapante,la lei de un tiron.

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