Betty Brant

por Gonzalo Viñao

En la historia de Spiderman, de Stan Lee (sus guiones se publicaron desde 1962, año de su debut, a 1973), hay un personaje secundario, la secretaria de J. J. Jameson, el director del “Daily Planet”, y esta secretaria es uno de los pocos personajes perfectos jamás más creados por la capacidad narrativa de los hombres; se llama Betty Brant, es la mujer más hemorsa del mundo y el amor de mi vida.
Betty Brant es indiscutiblemente bella porque la belleza forma parte de sus características distintivas, fue dotada de belleza por la mano de su creador. Y esto último es indiscutible. Tal o cual versión de Betty Brant puede parecernos más o menos desastrosa, pero así como todos reconocemos los piés ligeros de Aquiles sin temor a equivocarnos ya se trate de Brad Pitt o de un mural con más de dos milenios de existencia, de la misma manera es sólida e inalterable la belleza arquetípica de Betty Brant.
En las películas de Sam Raimi (la primera, del 2002), el papel de Betty Brant  lo hace Elizabeth Banks, actriz que alimenta su carrera a base de papeles secundarios, demasiado terrenal para cualquier protagónico; junto con el personaje de J. J. Jameson (el actor es J.K. Simmons, que se parece al personaje hasta en el nombre), son los dos grandes aciertos de casting en la película. Siempre que vuelvo a ver las pocas escenas en las que Betty Brant aparece, y son muy pocas (igual que en la historieta), pienso en lo mismo: es exactamente como me la imaginaba. Hay que aclarar que, mientras Elizabeth Banks interpreta el papel de Betty brant, es mucho más hermosa de lo que podría serlo por sí misma; esos son los beneficios del cine. Y lo siento, Elizabeth, si algún día te casaras conmigo, deberías saber que te dejaría sin dudarlo por Betty Brandt.
Betty Brant, interpretada por Elizabeth Banks en las películas de Sam Raimi, es la versión más agradable y transparente de Betty Brandt. Y sin embargo, ¿será un acierto del director?, no pierde lo que hace a la verdadera belleza, algo rara vez visto en los comics de superhéroes más tradicionales, esto es: su carga erótica. Betty Brandt es una mujer cuya belleza no excluye, como sucede tan a menudo en las historias aptas para todo público, los acentos sexuales, sin abandonar la sobriedad en ningún momento. Es secretaria, y hablamos del año 1964 (su primera aparición en el comic), lo que implica un grado importante de independencia, a lo Lois Lane en superman, se viste a la moda, se corta el pelo (negro profundo) muy corto, lo que destaca su carácter firme y resuelto, y tiene la figura y el perfil que sólo la perfección del dibujo sabe dar. Es, en pocas palabras, sofisticada y sexualmente agresiva.
Peter Parker (Tobey Maguire) tiene por hábito combatir a los criminales más feroces y peligrosos que puedan encontrarse, pero sin embargo le faltan los huevos necesarios para echarse un buen polvo con la novia. Su novia, Mary Jane Watson (en la película Kirsten Dunst) tiene el carácter dócil, la belleza inocente y hasta el nombre de una pobre chica ignorante del campo. Todo este amor de novios de la escuela choca contra la potencia de un ámbito diferente: el trabajo. En ese territorio Peter Parker siente que todas sus hormonas le pellizcan los pezones cada vez que se encuentra con Betty Brandt en la recepción del Daily Planet. La película de Reimi saca buen provecho de esta situación al poner en escena el primer encuentro entre los personajes. Porque entre Peter Parker y Betty Brant existe una distancia insuperable. En primer lugar porque ella es algunos años mayor, sin dar precisiones. Él es un adolescente en proceso de ingresar a la universidad que busca su primer trabajo (como fotógrafo en el diario), ella es la secretaria de un alto ejecutivo y va acercándose vertiginosamente a los treinta. A él no hay que mirarlo mucho para descubrir que es virgen, y su vida sexual, que no tiene ningún interés para la historia de spiderman, se encuentra presumiblemente limitada al ámbito de la masturbación; ella es una mujer completa y necesita un hombre, un hombre de experiencia. Nunca cruzan más de dos o tres palabras, pero se hablan con la mirada. En ese intercambio, mientras Betty Brant juega y se divierte, Peter Parker apenas se siente capaz de sostenerse sobre sus pies.
Betty Brant, en esta historia, encarna la forma más brutal del deseo adolescente. Una mujer cuya característica sobresaliente es su inaccesibilidad. En términos relativos, hay muchas mujeres accesibles en el mundo, algunas más o menos disponibles, siempre en relación con la procedencia de la demanda. Pero hay muy pocas, muy muy pocas, mujeres inalcanzables, mujeres de nuestro entorno inmediato que sabemos intocables, incluso antes de hacernos una imagen completa de ellas. Muchas veces todo responde a algún prejuicio, a creernos feos, por ejemplo, o incompletos de una manera incierta, y por eso tal o cual persona nos parece inaccesible. Se trata de una combinación de imágenes, perfumes, circunstancias casuales y fantasías personales. Betty Brant es una gran representación de esas raras casualidades.  La película de Reimi construye con talento artesanal estos contrastes.
Tengo la impresión de que, para la película, recurrieron a alguna versión de Betty Brandt tomada de unos dibujos animados, no de la historieta original, pero no estoy seguro. Sucede que la Betty Brant original, el personaje guionado por Stan Lee, era mucho más carnal, más cruda. Aparece durante el segundo año de vida del superhéroe, cuando Parker comienza a trabajar en el diario y la “girl friday” de J.J. Jameson le paga los cheques. En breve Betty Brant y Peter Parker comienzan a mantener relaciones (no relaciones carnales, por supuesto, aunque algunas insinuaciones son dudosas), pero ese encuentro se interrumpe y tiempo después ella se casa con uno de los periodistas del diario. El matrimonio pasa a vivir en París; Ned Leeds, el marido, es destacado como corresponsal en Europa. Betty Brant parece haber encontrado un hombre a la altura de sus necesidades, pero resulta que el matrimonio fracasa, él se entrega al alcohol, ella regresa a su país. Betty Brandt se reincorpora en su antiguo puesto de trabajo y sucede un regreso sentimental, una vuelta al amor con Peter Parker. El marido abandonado, Ned, regresa de Europa buscándola. Durante un tiempo, Betty Brant se debate entre dos hombres. Ned Leeds caerá en la fatal trampa del guionista de comics y se transformará en uno de los archienemigos de Spiderman. Quizás su “Dr. Moriarti”. Ned Leeds (que no puede ser batido por Parker en el ámbito sexual, donde Betty Brandt vendría a ser algo así como el cuadrilátero) será el “Hobgoblin”, el Duende Verde, e intentará asesinarlo en incontables ocasiones. A las piñas, siempre gana Spiderman. El propósito comercial de la tira, orientada a un determinado público consumidor y restringida por normas explícitas y tácitas, con su insistencia en limitar las connotaciones sexuales de la trama, termina generando proliferaciones aberrantes del sentido. En el caso de Peter Parker, no se si todo esto habla de un perfil homosexual oculto o tendrá que ver con un problema de eyaculación precoz del “friendly neighbor”.
La película de Reimi, para nuestro gran pesar, se pierde de contar toda esta sórdida historia, y transforma al Duende Verde en un multimillonario excéntrico.
Y toda esta historia, turbia, por momentos violenta, comienza en el año 1964. En aquel momento los escritores norteamericanos como Stan Lee habían olvidado a Fitzgerald mientras veían a Hemingway llevarse el Nobel atrás del Pulitzer. Mientras todo se inclinaba en favor de otro estilo, John Cheever escribía, quizás ese año, no me acuerdo, “El nadador”. Las novelas y los relatos de Cheever cuentan historias muy cercanas a la del triángulo que forman Parker, Brant y Leeds, pero están escritos con una tinta más oscura. Betty Brant podría ser un personaje de Cheever, aunque no habría ningún Hobgoblin en el final, tal vez una vida mucho más pobre o mucho más rica, con seguridad una vida mucho más triste, y levemente anestésica. Ginebra y sensación de derrota.

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