el porvenir es la resaca del pensamiento

“Riña de gallos”, Sebastián Chilano (Ediciones B, 2010)

por Gonzalo Viñao*

“Dos de cada tres personas que se enferman deberían consultar a un nigromante. La restante debería morir en la hoguera, como los escritores.”

¿quién es la persona que tenemos con nosotros? ¿es siempre la misma persona? ¿somos nosotros siempre los mismos? ¿cuánto es capaz de cambiarnos el amor, el amor por otra persona, por alguien que un par de semanas atrás fuera un perfecto desconocido y hoy, en dos días o en media hora, se transforma en el centro de nuestras vidas? ¿y cuánto somos capaces de cambiar por desamor?

la persona a la que amamos ¿es la misma cuando dejamos de amarla? ¿cuando deja de amarnos?

esas preguntas, que podrían ponerse como ejemplo perfecto de la pregunta retórica, y que en ciertos momentos tienen la pésima costumbre de atormentarnos sobre un fondo de duda insoluble, me rebotaron en la cabeza sin pausa ni tregua durante toda la lectura de “Riña de gallos”; el entramado de emociones de donde surgen esas preguntas es el entramado sobre el que se sostiene toda la construcción de la novela y, al mismo tiempo, por extraño que resulte, es el entramado de emociones sobre el que se articula la escritura misma, el pulso del narrador, el “color” de la voz que nos cuenta la historia

una rareza: muchas veces el punto de partida de un relato está dado por el sonido particular de una emoción, generalmente tenue y lejana, difícilmente identificable, que suena como el eco de un eco en la cabeza del escritor; la dificultad que presenta alcanzar en la escritura estas emociones queda demostrada, sin dudas, por los muy escasos relatos en los que vemos a un autor representarlas con éxito; en esto sostengo la idea de que Sebastián Chilano es un escritor de verdadero talento: la serie de emociones de las que nace su novela recorren su escritura, y están presentes como una corriente subterránea que nos devuelve, una y otra vez, a las mismas preguntas sin respuesta, a la misma duda sin fondo, ¿quiénes somos en relación con los otros? ¿quiénes son los otros en relación con uno?

“Riña de gallos” es, entonces, una novela de desamor, una novela sobre el desasosiego del amor, sobre el desencuentro, sobre la pérdida de la identidad (de la propia, de la ajena, sobre la disolución de la identidad en el otro); circunstancialmente lo dice Gabriel, el protagonista de ese no romance, al hablar de Clara: “Mi amiga cree que sale con dos hombres, pero piensa que los dos hombres son la misma persona. (…) yo creo que, en realidad, sale con uno solo de esos hombres y ella quiere creer que son dos, o que el otro hombre piensa que es una y otra persona, y se lo hace creer a ella, o… ”

Como en las historias de amor de la vida cotidiana (por contrapartida al amor de la novela rosa), “Riña de gallos” es un juego de espejos, de unos espejos en los que cada uno busca el reflejo que le proporciona el otro, hasta que ese reflejo de pierde, se deforma, no se encuentra, y el juego ya no es un juego, y el deseo es ansiedad y el amor es desesperación, y las pasiones se transforman en versiones aberrantes de sí mismas. La identidad de los personajes, en el proceso, se disuelve por infusión en el caldo de la incertidumbre.

Me preguntaba, y lo hacía sinceramente, mientras leía la novela, ¿quién soy y quién dejo de ser a partir de los demás? a partir de esa persona que un día y por puro azar, autorizamos a redefinir arbitrariamente todos los parámetros de nuestro propio mundo, ¿quién soy y quién dejo de ser cuando esa persona, inexplicablemente (o no), se transforma en otra, o creemos que se transforma en otra? ¿y quién esa persona nueva y desconocida? ¿quién soy yo mismo a partir de ese momento?

los mundos que edificamos alrededor de los demás, alrededor de los otros (aunque no cualquier otro), se construyen y se desmoronan arbitrariamente y a la velocidad del viento, y no siempre nos encuentran prevenidos, preparados, aptos; ¿qué sucede entonces cuando no estamos atentos? ¿cuando no estamos en condiciones de aceptar esa destrucción? ¿cuando no estamos en condiciones de reconstruirnos… solos?

La novela de Chilano encuentra el espacio para narrar su historia en la zona indefinida del sinsentido que se dispara a partir de todas estas preguntas, y navega esa niebla sin respuestas, bajo la premisa de que “Cuando uno se enceguece, la verdad parece más turbia que una noche de tormenta.”

Links:

Sebastián Chilano

http://sebastianchilano.blogspot.com/

http://facebook.com/sebastian.chilano

*Gonzalo Viñao

http://costanegra.blogspot.com/

 

“Dos de cada tres personas que se enferman deberían consultar a un nigromante. La restante debería morir en la hoguera, como los escritores.”

“(…) el porvenir es la resaca del pensamiento.”

¿quién es la persona que tenemos con nosotros? ¿es siempre la misma persona? ¿somos nosotros siempre los mismos? ¿cuánto es capaz de cambiarnos el amor, el amor por otra persona, por alguien que un par de semanas atrás fuera un perfecto desconocido y hoy, en dos días o en media hora, se transforma en el centro de nuestras vidas? ¿cuánto somos capaces de cambiar por desamor?

la persona a la que amamos ¿es la misma cuando dejamos de amarla? ¿Cuándo deja de amarnos?

esas preguntas, que podrían ponerse como ejemplo perfecto de la pregunta retórica, y que en ciertos momentos tienen la costumbre de atormentarnos sobre un fondo de duda insoluble, me rebotaron en la cabeza sin pausa ni tregua durante toda la lectura de “Gallos de riña”; el entramado de emociones de donde surgen esas preguntas es el entramado sobre el que se sostiene toda la construcción de la novela y, al mismo tiempo, por extraño que resulte, es el entramado de emociones sobre el que se articula la escritura misma, el pulso del narrador, el “color” de la voz que nos cuenta la historia

una rareza: muchas veces el punto de partida de un relato está dado por el sonido particular de una emoción, generalmente tenue y lejana, difícilmente identificable, que suena como el eco de un eco en la cabeza del escritor; la dificultad que presenta alcanzar en la escritura estas emociones queda demostrada, sin dudas, por los muy escasos relatos en los que vemos a un autor representarlas con éxito; en esto sostengo la idea de que Sebastián Chilano es un escritor de verdadero talento: la serie de emociones de las que nace su novela recorren su escritura, y están presentes como una corriente subterránea que nos devuelve, una y otra vez, a las mismas preguntas sin respuesta, a la misma duda sin fondo, ¿quiénes somos en relación con los otros? ¿quiénes son los otros en relación con uno?

“Gallos de riña” es, entonces, una novela de desamor, una novela sobre el desasosiego del amor, sobre el desencuentro, sobre la pérdida de la identidad (de la propia, de la ajena, sobre la disolución de la identidad en el otro); circunstancialmente lo dice Gabriel, el protagonista de ese no romance, al hablar de Clara: “Mi amiga cree que sale con dos hombres, pero piensa que los dos hombres son la misma persona. (…) yo creo que, en realidad, sale con uno solo de esos hombres y ella quiere creer que son dos, o que el otro hombre piensa que es una y otra persona, y se lo hace creer a ella, o… ”

Como en las historias de amor de la vida cotidiana (por contrapartida al amor de la novela rosa), “Gallos de riña” es un juego de espejos, de unos espejos en los que cada uno busca el reflejo que le proporciona el otro, hasta que ese reflejo de pierde, se deforma, no se encuentra, y el juego ya no es un juego, y el deseo es ansiedad y el amor es desesperación, y las pasiones se transforman en versiones aberrantes de sí mismas. La identidad de los personajes, en el proceso, se disuelven por infusión en el caldo de la incertidumbre.

Me preguntaba, y lo hacía sinceramente, mientras leía la novela, ¿quién soy y quién dejo de ser a partir de los demás? a partir de esa persona que un día y por puro azar, autorizamos a redefinir arbitrariamente todos los parámetros de nuestro propio mundo, ¿quién soy y quién dejo de ser cuando esa persona, inexplicablemente (o no), se transforma en otra, o creemos que se transforma en otra? ¿y quién esa persona nueva y desconocida? ¿quién soy yo mismo a partir de ese momento?

los mundos que edificamos alrededor de los demás, alrededor de los otros (aunque no cualquier otro), se construyen y se desmoronan arbitrariamente y a la velocidad del viento, y no siempre nos encuentran prevenidos, preparados, aptos; ¿qué sucede entonces cuando no estamos atentos? ¿cuando no estamos en condiciones de aceptar esa destrucción? ¿cuando no estamos en condiciones de reconstruirnos… solos?

La novela de Chilano encuentra el espacio para narrar su historia en la zona indefinida del sinsentido que se dispara a partir de todas estas preguntas, y navega esa niebla sin respuestas, bajo la premisa de que “Cuando uno se enceguece, la verdad parece más turbia que una noche de tormenta.”

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9 comentarios to “el porvenir es la resaca del pensamiento”

  1. todavia no lo lei – mañana – pero YA te digo que el titulo se zarrrpa.

  2. y la reseña se zarpa, y quiero leer eso ya

  3. siii, la reseña se zarpa, ahi la lei.

  4. dejen de decir se zarpa, por el amor de la virgen.
    quiero leer esta novela.

  5. por el amor de la virgen???

  6. es una forma de decir, no te asustes, no creo que se pueda tener hijos por gracia del espíritu santo.

  7. […] Actualizados : el porvenir es la resaca del pensamiento Ensayo sobre la lucidez un inglés tan raro Betty Brant “¡Garros a la […]

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