un inglés tan raro

Posted in reseña with tags on 06/02/2011 by Gonzalo Viñao

“Los versos satánicos”, Salman Rushdie (1988)

por Gonzalo Viñao*

la novela empieza con dos tipos cayendo por el aire a veinte mil metros de altura, con ropa de calle, uno incluso lleva puesto un sombrero que no arredra frente al vértigo y el torbellino de semejante caída; el otro canta, el primero le pide silencio

uno de estos protagonistas, en el transcurso de la novela, se transforma en sátiro; el fantasma de una mujer persigue a su esposo en una alfombra voladora mientras el esposo viaja en tren, y le habla a través de la ventanilla; el Arcángel Gabriel es un actor indio que pasea por Londres y no entiende qué carajo está pasando, mientras los sueños que son delirios bíblicos se le injertan en la realidad

la historia es perfectamente verosímil de la primera hasta la última palabra: cualquiera diría que los sucesos transcurren en la realidad más ordinaria; al mismo tiempo, la novela es un manifiesto sobre la situación de los emigrados hindúes y musulmanes en Europa, sobre la intolerancia religiosa, sobre el racismo, sobre la capacidad individual de tolerar cualquier cosa a cambio de nada, sobre hombres que se transforman en monstruos al aceptar como ley natural la mirada ajena

la crítica emparenta a la novela de Rushdie con el realismo mágico, ese invento sudamericano que le permitió al negocio editorial vender libros de García Márquez e Isabel Allende; desde hace años, la incapacidad de los críticos de mirar otra cosa que no sea el propio ombligo los lleva a catalogar, bajo el rubro “realismo mágico”, cualquier cosa que no responda a los estándares de su mediocre percepción de la literatura; baste con decir que el mismo concepto de “realismo mágico” les parece una cosa tan inteligente…

el ciudadano británico Salman Rushdie, Caballero del Imperio desde 2007, llegó a Londres a la edad de catorce años, procedente de Bombay, ciudad en la que naciera en el año 1947 (como se dice generalmente) en el seno de una familia acomodada; su padre estudió en Cambridge, donde él mismo obtuvo en 1968 la maestría en historia, síntoma y consecuencia de aquel acomodo

Salman, además del nombre y la carga genética, tiene la facha de un perfecto y lascivo demonio salido de alguna ilustración de un kama-sutra impreso en el once; pero hasta ahí llegan todos sus vínculos con el infierno; Salman es un tipo tan pacífico, pero tan pacífico que, en un intento por evitar todo tipo de enfrentamientos violentos, decidió vivir oculto, y así lo hizo, entre 1989 y 1998

¿por qué alguien decide esconderse del público (y de los servicios secretos y de los terroristas de una importante cantidad de países) durante nueve años?

cuando leo los versos satánicos no puedo dejar de imaginarme a Salman en un estado de crisis paroxística después de mezclar en un peligroso cóctel una serie de elementos poco convenientes: la enciclopedia británica, el corán (en, al menos, una docena de ediciones y cuatro o cinco idiomas), el ramayana, una guía lonely planet sobre la India y el Bhagavad Ghita y el Mahabharata, la biblia (antiguo y nuevo testamento, evangelios, cartas, apócrifos y en especial un par de estudios recopilatorios muy completos sobre el Apocalipsis), el conjunto legislativo sobre inmigración en Europa, una reseña sobre Peronismo & Descamisados (y vaya a saber qué tipo de informes sobre actividad política en el río de la plata durante la década del ‘50), un compendio de psicología sobre la soledad y la locura mísitica, y…

según testigos confiables, Salman despachó la infusión de un golpe de garganta, una mañana de domingo antes de ponerse los calzoncillos, con un ojo puesto en la Babilonia frente al balcón de su casa (Londres), y el otro vuelto hacia las inefables profundidades de sí mismo, donde creyó ver a Dios, pero tardíamente confesó haberse equivocado (no era más que un raro efecto de la luz a esa hora del levante)

el resultado de la consecuente descompostura: esos increíbles versos satánicos que por aquel entonces despertaron el rechazo de cierto anciano, digamos, uno de esos personajes que “ejercen influencias”; me refiero a un tal Ruhollah Jomeiní, a quien era obligado denominar “ayatolá”, ya que se trataba del líder religioso del Irán

si la combinación de las palabras “Jomeiní”, “ayatolá” y “lider religioso del Irán” no son capaces por sí mismas de avivar nuestras imaginaciones, podemos completar el panorama con varias escenas de atentados con coches bomba, terroristas suicidas activando cinturones cargados con C4 en los shoppings y estaciones de trenes del mundo, secuestros dramáticos como aquel de los atletas israelitas en Munich, ejecuciones públicas, lapidación de mujeres, aviones cargados de pasajeros explotando en los aeropuertos, ejércitos de partisanos entrenando en campamentos secretos monitoreados por los satélites espías de los estados unidos, etc.

y la otra palabra que deberíamos tener en cuenta es “fatwa”, porque esa es la palabra que el Ayatolá Jomainí lanzó sobre la cabeza del ciudadano británico no violento Salman Rushdie en cuanto terminó la lectura de los versos satánicos, produciendo el efecto inmediato de acelerar el tránsito fecal en el esfínter del escritor

una fatwa es un pronunciamiento legal regido por las leyes del islam, base del derecho civil en los países islámicos; de los muchos especialistas y sacerdotes capacitados para emitir una fatwa, el Ayatolá es el único cuyas fatwas son indiscutibles e irrevocables, a tal punto que, incluso, sólo el mismo Ayatolá es el único autorizado a retirarla, suspenderla o cancelarla

en 1988 los versos satánicos desataron una controversia inmediata en el mundo islámico, debido a la supuesta irreverencia con que se trata en sus páginas a la figura del profeta (donde “el profeta” es sinónimo inmediato de “Mahoma”); en India la novela se prohibió el 5 de octubre y en Sudáfrica el 24 de noviembre, en la siguientes semanas la censura alcanzó a Pakistán, Arabia Saudita, Egipto, Somalia, Bangladesh, Sudán, Malasia, Indonesia, y Qatar; sumadas las poblaciones de esos países, algo así como al 35% de la población mundial se le negó la posibilidad de leer la novedad editorial de Salman Rushdie, esto sin contar a los seguidores del islam en los países no islámicos

entonces aparece el Ayatolá Jomeiní y, el 14 de febrero de 1989, manda a leer por Radio Teherán la fatwa que acusa al libro de “blasfemo contra el islam”, acusa a Rushdie de apostasía y ordena castigarlo con la muerte; esto quiere decir que Jomeiní hizo un llamamiento universal a todos los miembros del islam del mundo, ordenándoles matar a Salman Rushdie donde fuera que se lo encuentre (incluídos también aquellos editores que publicaron el libro) bajo pena de incumplir una ley religiosa; el estado de Irán, a instancias de Jomeiní, ofrece una recompensa de tres millones de dólares por la cabeza, sin vida, del escritor

arranca entonces una larga sucesión de protestas contra el libro, y esta increíble avalancha desencadena consecuencias impensables; enumeremos:

  • 12 de febrero de 1989: cinco personas “abatidas” (palabra que el periodismo entiende como sustituto políticamente correcto de “muertas”) por la policía en una protesta contra el libro en Islamabad.
  • en 1991, Hitoshi Igarashi, traductor del libro al japonés, es asesinado en Tokio; el traductor italiano es golpeado y apuñalado en Milán.
  • en 1993 el editor noruego de Rushdie, William Nygaad, es tiroteado en su casa en Oslo y resulta gravemente herido.
  • también en 1993, treinta y siete personas (pongamos el número para que quede claro: 37) mueren quemadas en un hotel en Turquía, a manos de los manifestantes que protestaban contra Aziz Nesin, tradutor de la novela al Turco.

en 1997 el estado de Irán duplicó la recompensa por la muerte de Rushdie, y al año siguiente el fiscal general de ese país ratificó la fatwa; el problema con esta fatwa es que el único con poder para retirarla es el Ayatolá Jomainí, muerto en el año 1989

en 1998, finalmente, el estado Iraní se comprometió públicamente a no perseguir a Rushdie, esto gracias a la intervención del gobierno Británico, en su búsqueda por normalizar las relaciones entre los dos países; sin embargo, muchos miembros del islam consideran que la fatwa de Jomeiní continúa vigente

Salman se ha manifestado sucesivamente como un hombre no religioso, aunque respestuoso del islam, y aún hoy defiende su novela y declara que no fue jamás su intención maltratar la figura de Mahoma; sus argumentos pueden leerse en su ensayo “In good faith” del año 1990

con un saldo de más de cuarenta víctimas en la memoria de los Versos Satánicos, Rushdie dejó de vivir oculto y continuó publicando sus libros, incluso se lo puede ver en dos o tres películas y (cuándo no, el amigo Bono con su nariz en todas partes) en el video de U2 “the ground beneath her feet”, compuesto sobre la letra de un poema escrito por Rushdie como parte de una de sus novelas

Links:

Salman Rushdie

*Gonzalo Viñao:

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Pulp

Posted in reseña with tags on 02/02/2011 by Gonzalo Viñao

“Pulp”, Charles Bukowski. Anagrama, Barcelona, 2010.

* por Carolina Bugnone

§

“Ella entró en mi oficina.
Bueno, o sea, aquello no era justo. El vestido le estaba tan apretado que casi le estallaban las costuras. Demasiados batidos de chocolate. Llevaba unos tacones tan altos que parecían zancos. Caminaba como un borracho contoneándose por la habitación. Un glorioso vértigo de carne.
-Siéntese, señora –le dije.
Se dejó caer y cruzó las piernas muy arriba, tan condenadamente cerca que se me salían los ojos de las órbitas.
-Encantado de verla, señora –le dije.
-Deje de hacerse el bobo, por favor. No tengo nada que no haya visto usted nunca.
-En eso se equivoca, señora. ¿Podría darme usted su nombre?
-Señora Muerte.
-¿Señora Muerte? ¿Es usted del circo? ¿Del cine?
-No.
-¿Lugar de nacimiento?
-Da lo mismo.
-¿Año de nacimiento?
-No se haga el gracioso.
-Sólo intentaba tener algunos antecedentes.”

§

“Pulp” es de esas novelas que uno no puede dejar de leer desde el primer párrafo. La dedicatoria del libro “A la mala escritura” marca de entrada el tono en el que se desarrolla. La historia discurre como agua pero de insípida no tiene nada, más bien lo contrario. Sabores ácidos, picantes y francamente humorísticos se deslizan desde el principio y no dan ningún respiro al lector.

§
Nick Belane, el protagonista, es un personaje que transita por la vida con desparpajo y aparente desinterés por cualquier cosa que no sea sí mismo. Un detective perdedor y alcohólico que se topa con las situaciones más inverosímiles, tan bien escritas y desarrolladas que uno entra en la trama como un personaje más, no sin impacto por el nivel de disparate y con placer por sumergirse en las escenas, que aunque completamente ridículas sostienen con asombrosa solidez el relato. El lector puede preguntarse si los acontecimientos son parte de la realidad en la historia o una serie de alucinaciones del protagonista producidas por el alcohol.

§
Centrado en unos pocos y deliciosos personajes, se reitera la figura de la mujer como un ser sexualmente provocador y deseable (deseo que Nick nunca concreta, porque es un perdedor o porque sencillamente le gana el interés por el vodka) y a la vez con el poder de destruir. Lo femenino es lo destructivo, y los hombres se presentan como seres brutos, violentos o simplemente estúpidos. Nick Belane se la pasa yendo detrás de algo, ese camino marca el hilo de la novela y las contradicciones e imposibilidades que se le multiplican a medida que cree avanzar cuando todo le indica que está detenido siempre en el mismo lugar.

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La bebida, los bares, los camareros, las armas, las amenazas, las mujeres y las metidas de pata repetidas tejen el mundo ágil y atrapante que Bukowski nos tira en la cara con esta novela.
Uno tiene la sensación de que al autor realmente no le importa nada. Pero el humor recurrente y ocurrente entrama fragmentos en los que habla sobre la insensatez del mundo, la inevitable soledad de las personas, el tedio de dejar pasar la vida sin ideales ni nada que valga la pena, la inconsistencia de las cosas, el dejarse morir.

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“Así que allí estaba yo, sentado, escuchando la lluvia. Si me hubiera muerto en aquel mismo instante nadie habría derramado ni una sola lágrima en todo el mundo. Tampoco es que yo lo quisiera. Pero era raro. ¿A qué grado puede llegar la soledad de un mamón? Pero el mundo estaba lleno de pedos viejos como yo. Sentados, escuchando la lluvia, preguntándose a dónde se había ido todo. Uno sabe que es viejo cuando se sienta a preguntarse a dónde se ha ido todo.”

§
Vale la pena mencionar que el final de la historia es de una poesía y delicadeza inesperada, en los últimos párrafos, contrastando brutalmente con el nivel de crudeza y acidez de toda la novela. Lo cual la hace indudablemente más interesante, y una pieza cítrica y divertida que brilla con luz propia.

§ §§

Links:

Charles Bukowski

*Carolina Bugnone:

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Endemia

Posted in crítica with tags on 31/01/2011 by Gonzalo Viñao

Endemia. Idea y dirección: Natalia Tripodi; participan: Débora Martínez, Victoria Ripodas, Melisa Arce y Natalia Tripodi (Compañía de teatro “La Pavota“).

El Club del Teatro (Rivadavia 3422; Mar del Plata, Argentina. tel. 0223 475-8790)

§

por Gonzalo Viñao*

No es usual que los actores tomen por asalto los escenarios; no es común que la creadora de una obra, que a la vez es su directora y su actriz, se ocupe de la iluminación, el vestuario y de la construcción de la escenografía; no es habitual una representación teatral que funcione como un delicado aparato de relojería.

El Club del Teatro dio espacio este verano a cuatro representaciones de la obra Endemia, protagonizada por Débora Martínez, Victoria Rípodas, Melisa Arce y Natalia Tripodi (directora), a lo que debemos sumar la excelente tarea de luces de Mariana Ben.

En las dos primeras representaciones a sala llena, realizadas durante el mes de enero, nos encontramos con un asombroso trabajo de coordinación e interacción, entre actrices de excepcional talento, que participan de una obra que no les hace ningún tipo de concesiones ni a sus intérpretes, ni a los espectadores.

Endemia se construye sobre la combinación de todos los elementos teatrales, luz, vestuario, actuación, sonido, manejo del espacio y la escena, buscando incansablemente el sentido en la sucesión de las imágenes y las impresiones que produce sobre el espectador. Ardua y cuidadosamente ensayada, la obra se coordina entre tres actrices que, aunque simultáneamente sobre el escenario y en permanente interacción, no pueden verse entre ellas.

Sólida e impactante, la obra alcanza una amplísima gama de sensaciones: desde el humor ácido al absurdo cotidiano, desde el perfil sentimental a la crítica mediática, pasando por el erotismo y el delirio, con la soledad y el desencanto como tema central, no hay respiro ni descanso.

Con la imagen elaborada y precisa del video clip, con la profundidad y la variedad de matices de una obra literaria, Endemia deja a los espectadores con la sensación de un corte en la provisión de oxígeno y la necesidad imperiosa de seguir reconstruyendo su mensaje en la imaginación, todavía mucho después de que el telón haya caído.

Restan dos funciones para el mes de febrero, martes 1 y martes 15, a las 22hs., siempre en El Club del Teatro (Rivadavia 3422). Nuestra más ferviente recomendación para el público: asistir a las dos.

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Links:

La Pavota

*Gonzalo Viñao

http://costanegra.blogspot.com/

Como un vaivén

Posted in reseña on 30/01/2011 by Gonzalo Viñao

Las olas, Virginia Woolf. Editorial Lumen / Tusquets Editores –  Colección Fábulas

por Gabriela Cancellaro*

Las olas van y vienen, la marea sube y se lleva las huellas en la arena, todo es efímero y no hay nada a lo que aferrarse al final de la jornada. Solo el sonido del mar en su equilibrio perfecto con el sol que guía sus movimientos, el mar como esclavo eterno de los designios de fuerzas que son superiores y no puede controlar. Todo lo cubre el agua.

El ciclo biológico de un día es la alegoría que Virginia Woolf establece para narrar seis biografías en “Las olas”, su sexta novela, publicada en 1931. La excepcional calidad narrativa de Woolf sumerge al lector en las vidas de seis personajes, amigos de la infancia, desde la niñez hasta los últimos años, con sus deseos y ambiciones, las frustraciones y reflexiones, los cambios que van desde la adolescencia hasta la madurez, cuando el álbum está completo y sin embargo, muchas de las fotografías nunca se sacaron, o quedaron fuera de la selección.

Hay dos libros en este libro: uno está compuesto por lo que se cuenta, la elección de la autora por tal o cual momento y se conforma entre el devenir del oleaje y los monólogos a veces sueltos, a veces entrelazados, de los personajes.

Una muerte temprana, la del miembro del grupo que no narra pero que sobrevuela la narración con la tragedia de su vida trunca, llena de promesas, como un ideal que nunca será alcanzado por los que lo sobreviven, marca el abandono de la juventud y el ingreso en lo concreto de la espera de la muerte y el “mientras tanto”.

La consumación de los mandatos – la maternidad y el éxito social –, inevitables para Susan y Louis, se opone a las voces de aquellos que, como Rhoda, reniegan de las reglas y se alejan a buscar su propia voz en las visiones de las arenas del África.

Los personajes cuestionan los límites de su ser esencial mediante la construcción de un yo de seis caras. Cada uno influye en el otro, transforma y conforma visiones y filosofías, tal como la relación entre los elementos de la naturaleza que no pueden existir sin la presencia del otro. Es el otro el que marca el destino, es la mirada del otro la que define donde termina la individualidad. Todos ellos saben que la gran pregunta del ser humano (¿quién soy?) no puede responderse mirando exclusivamente hacia dentro, por eso el adentro es un cuadro pintado por todos, un entrar y salir de lo que se cree propio y lo que se supone ajeno pero apropiado.

En sus monólogos solitarios, los protagonistas de Las olas nunca están solos. Los demás miembros del grupo funcionan como el ojo regulador de la sociedad y a partir de las conclusiones que se admiten fragmentadas porque solo pueden ser imaginadas y trazadas desde el yo, se dibujan y plantean su lugar en el concierto de las millones de vidas con las que conviven.

El otro libro es el de lo escindido, lo no contado, lo que se menciona elipsado pero que está firme con fuerza y determina las acciones venideras. No puede uno dejar de imaginar las escenas apenas citadas en las cuales se intersectan Bernard, Jinny, Susan, Louis, Neville y Rhoda, desprendiendo otros momentos que no aparecen en las páginas pero que se tornan tangibles a través de la prosa poética con la que la autora marca el ritmo del fluir de las conciencias.

Todos los sentidos se despiertan con la lectura de Las olas, y ese es probablemente el rasgo más femenino de la obra. Los detalles, la textura de un árbol, un escritorio, el tintineo de una lámpara, la humedad de la tierra por la mañana. Lo doméstico como vivencia cotidiana en oposición al llamado de lo natural, al eterno deseo de liberarse de lo que somete e impide encontrar la real finalidad de una vida. Dejarse llevar por la cadencia que se impone resulta en un festín de imágenes para los ojos, los oídos, las manos, la nariz y el paladar.

Como un vaivén, Woolf logra en Las olas, con su dinámica de idas y venidas de almas que manan irregulares, un retrato angustiante e intenso, hasta que el sol se esconde tras el horizonte y la marea sube, dejando solo silencio al final.

Links:

http://es.wikipedia.org/wiki/Virginia_Woolf#Obra

*Gabriela Cancellaro

http://noentiendonada.wordpress.com

“La bestia azul”

Posted in reseña with tags on 28/01/2011 by Gonzalo Viñao

nota: cuando empecé Libroscopio, hace unos pocos días, invité/propuse a algunos amigos escribir reseñas cuyo asunto, para hacer más atractiva la invitación, sería de libre elección. La nota que sigue es, para mi, una (gratísima e inmerecida) sorpresa, como para cualqueir otro lector. Negarme a su publicación hubiera sido tan obsceno como obtenerla por encargo. (G.V.)

por Paula Fernandez Vega*

Gonzalo Viñao perpetra cuentos desde una dimensión paralela. Teniendo en cuenta como parámetro sus textos ganadores en el concurso Osvaldo Soriano (“La bestia azul”, 2010), y siendo esta selección un límite simplemente para delimitar mejor su estilo, podemos percibir dos ejes fundamentales que sostienen y a la vez arriesgan su escritura: la reflexión introspectiva y la observación de los espacios mundanos.

En primer lugar, una especie de inconciente atiborrado de recuerdos, necesidades humanas ocultas por la moralidad, fobias completamente anormales a objetos completamente normales, salen a flote en una conjunción fantástica. No por necesitar inventar, necesariamente, un nuevo mundo para describir su propio estado. Más bien desencadena, desde su perspectiva personal, una realidad que prefiere surrealista, parcialmente palpable y colocando algunas figuras fundamentales que la justifican, la estabilizan y a la vez le dan un sector de incomodidad, exceso y, a la vez, sensación de pertenencia y cotidianeidad que le dan al lector la oportunidad de sentirse identificado (función fundamental de la escritura). Pueden ser estas la de la mujer, los espacios aparentemente habitados por gente normal, la sensación de soledad, las consecuencias del alcohol o la droga. De esta manera, lo que tiene resultados extraordinarios, conclusiones sorprendentes acerca de la existencia, la vida, el sexo, el amor, las imágenes cotidianas, resulta ser, a simple vista, poco importante. Por eso resulta interesante una lectura observadora, en la que se enfaticen tanto los ejemplos superficiales para describir situaciones profundas e inefables, como los marcos narrativos en los que el desarrollo lineal de las historias nos ubican más cómodamente, para creer que estamos siguiendo un patrón y que nada malo nos puede pasar en el camino. Allí sucede, entonces, la revelación de los finales, que puede considerarse un tercer eje del que se vale el escritor para terminar sus escrituras de manera crucial y controvertida. Una última imagen que parece que no terminará nunca, y que permanece en la cabeza del lector como conclusión no necesariamente cerrada del resto de la historia, o una oración o párrafo que comprueba, a modo de ensayo, lo que se intentaba argumentar al inicio.

Esta mezcla de filosofía y literatura, de descripción amorosa y delirio, de frustraciones humanas y esperanzas olvidadas, de sujetos temporales y atemporales, de vigilia y sueño, de odio al mundo y aferración a todas las cosas cercanas, lo terminan de definir sin definirlo completamente. Porque es su escritura, sin dudas, un camino abierto a las posibilidades, en la que pareciera que las ideas se cuelan sin querer en la vida cotidiana, y que Viñao desencadena en historias que, más allá de poseer una calidad y claridad literaria por demás llamativa, tienen mucho que ver con los aspectos más primitivos y necesarios de la vida humana, y que parecen estar tan olvidados.

Links:

Gonzalo Viñao

http://costanegra.blogspot.com/

*Paula Fernandez Vega

http://divaguesdiarios.blogspot.com/

“Pornostars y un Buey Solo”

Posted in reseña with tags on 27/01/2011 by Gonzalo Viñao

Lord Cheselin (Héctor Ramón Cuenya) Colección La Palabra, Hemisferio Derecho Ed., Bahía Blanca 2008.

por Carolina Bugnone*

§

“Pornostars y un buey solo” es un libro de poemas y prosa poética que se presenta, desde su título, conjugando dos aspectos que a primera vista se oponen: el porno -lo carnal en sí mismo- y  el amor. Y toda la obra se desarrolla sobre el telón de fondo del dolor y la soledad.

Dividido en tres partes, en la primera, “Pornostars” despliega una serie de poemas dedicados a algunas actrices del porno estadounidense de los años ´80 (Jenna Jameson, Tracy Lords entre otras), en los que se vislumbra claramente la presencia de estas mujeres en el relato como excusa para escribir sobre el amor. Con un lenguaje directo, coloquial y simple, logra transmitir la profundidad del sentimiento como salvataje de un estado de dolor y soledad interior. Lo “porno” y lo amoroso se articulan de modo tal que aparece como un continuo, esa división se diluye, y las mujeres cuya función es el entretenimiento sexual terminan resultando la razón de la vida del poeta (narrador). Sin cursilerías ni lugares comunes, conmueve la ternura y delicadeza de estos poemas.

§

Rebecca Lords

te voy a extrañar
de todas las formas posibles

la vida es demasiado
idiota
la vida es demasiado
barata y jodida
como para
no poder inventarme
sentimientos
y con esos sentimientos
inventarme
inventarte
invitarte
te amo

§

En la segunda y tercera parte, “El Buey Solo” y “Recuerdos de un Buey Solo”, en forma de prosa se describe y se hace transitar al personaje que protagoniza las pequeñas historias y que dedica los poemas de la primera parte. Con ironía, habla sobre la gente y sobre sí mismo en relación con el mundo, del que el poeta (el Buey) se ubica muchas veces como ajeno. “Por las noches no podía dormirse y fumaba mucho y tosía mucho y le dolían los pulmones y la garganta y los vecinos lo escuchaban y pensaban “qué poca vida tendrá este buey”, y lo pensaban y lo deseaban, deseaban verlo muerto al buey. Muerto el buey, se acabó la rabia, decían y se sonreían. El buey pensaba y se sonreía, mientras fumaba, mirando el techo, desde su canoa-cama, que el destino era tan azaroso que posiblemente él vaya al cementerio a despedir los restos de algunos de sus vecinos; y esa idea le gustaba, no porque los odiara, sino porque es hermoso ir a los funerales de gente por la cual uno no siente nada y después, antes de volver a casa, en una mañana despejada, luminosa, sabiendo que uno está vivo, entrar a un bar, pedir café con leche y tres medialunas.”

Menciones al desierto –probables destellos del lugar de origen del autor, Río Gallegos-, el alcohol y otras sustancias tiñen los relatos de irrealidad y tristeza. “Bebí todo el vino, el brandy y hasta todo el pernod que pude. La realidad es el efecto de la falta de alcohol en sangre.”

La obra se desliza en dirección a una creciente melancolía, la presencia de los muertos, los fantasmas, el dejarse estar, el aburrimiento como forma de vida y el final inexorable de las historias.

§

Post Mortem

Vengamos a tu reino. Reino de insignificancia, reino de olvido, de vacío y de nada.
Estado natural de las cosas.
No está mal perderlo todo, para saber que era tan poco. Que salvo vos, el resto era muy poco.
Inmenso silencio, de sólo vivir en tus pensamientos. En algunos momentos, de alguna mañana, en algún determinado movimiento, por el cual llegaré a tus recuerdos. No es mal lugar, o mejor dicho, es el mejor lugar del universo.
Voy a vivir entre tus cosas. Hasta que me olvides.

§§§

Links:

H. R. Cuenya

http://lordcheselin.blogspot.com/
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http://pornostar1999.blogspot.com/
http://dolcevitavirtual.blogspot.com/
http://dulcesparalelas.blogspot.com/

*Carolina Bugnone

http://www.oque.blogspot.com/

§§§

“¡Garros a la órbita!”

Posted in reseña with tags on 24/01/2011 by Gonzalo Viñao

Fernando del Río, “Que así sea” (Ediciones B – 2010)

por Gonzalo Viñao


“Que así sea” es una novela sobre el destino, sobre esa huella que perseguimos como si se tratara de un rastro trascendental, mirando hacia atrás y adelante en el intento de rearmar en la imaginación el camino, pero sin saber por qué o a dónde nos lleva. Una novela sobre la influencia que esa huella, el destino, ejerce en unos personajes inestables, personajes en estado crítico/crónico. Esos personajes, frente a las cuestiones del destino e incapaces de resolver sus misterios, se dejan llevar “como quien se relaja haciendo la plancha en el mar y termina a doscientos metros de la costa escuchando los silbatazos del bañero”; en un contexto de fantasía macabra, la desorientación general no es otra que nuestra propia desorientación en la vida cotidiana, y en el contraste entre la vida real y la ficción aparecen con elocuencia nuestras propias dudas y ambigüedades, nuestras vacilaciones, reflejadas en un mundo cuya ausencia de sentido es idéntica a la ausencia de sentido en nuestro propio mundo. “Que así sea” es, entre otras cosas, una fantasía oscura que se libera de nuestra realidad concreta (arrinconándola) hasta causar el vértigo de una realidad probable, a la que agradecemos sus giros más escatológicos (porque ahí, y sólo ahí, podemos respirar “aliviados” y decir “no, esto no es posible”…)

FdR se detiene a jugar en las sombras de la experiencia, desde ahí construye un punto de vista que incorpora lo morboso y lo grávido, con una oscuridad que se muestra a plena luz del día, como un hábito, como cualquier otra costumbre atávica, una de esas costumbres que definen a los hombres a través de las épocas. Esto pone al lector en una situación difícil: los aspectos más oscuros de la novela son el único oasis, hay que beberse con los ojos lo más sucio, porque el resto, lo que en apariencia es más alegre y tranquilo, nos hace sospechar de nosotros mismos y del mundo en que vivimos, un mundo con los brazos abiertos para recibir en su ceno las fantasías más terribles que habitan este relato.

El más actual y descarnado folclore urbano, en su oscuridad anónima, morbosa, se mueve impunemente en esta historia, una historia que transcurre en una ciudad impune:  mar del plata en las calles, en los bares, en la arquitectura de encuentros y desencuentros sobre el espacio urbano, en plazas y supermercados, pero también en el pulso, en el imaginario cotidiano: en el Dr. Rolita, médico cirujano devenido curandero, que a raíz de cierto asunto legal se alejó de los quirófanos para siempre; en los adolescentes enamorados y en la proyección a la locura de los nuevos hábitos y de las nuevas tribus; en la vieja enfermera devota, con sus alardes de religiosidad egoísta y temerosa, abnegada, siempre fuera de época; en el estudiante renegado que atraviesa la vida como si de verdead se tratara de un misterio. Para todos: la búsqueda infinita de manifestar un dolor consustancial a la existencia a través de la corrupción moral, las amputaciones físicas y las supersticiones religiosas.

Una construcción sinfónica reúne a los personajes, una arquitectura en la que cada cual toca su instrumento como mejor sabe hacerlo y en sus propios términos, y se ponen en órbita unos en relación con los otros, a veces hasta la colisión perfecta. Sobre la historia, envolviéndola en su sombra, la figura del padre, las relaciones y los ecos que surgen de ella, su presencia, como la clave inhallable para descifrar un acertijo imposible.

Si la novela se hubiera publicado un siglo atrás, llevaría un prólogo que dijera más o menos lo siguiente: para recaudo de los tontos, y para que aprendan, sin necesidad de enfrentar a la cruda realidad en sus ámbitos más sórdidos, sobre los males de este mundo. Y muy especialmente para los padres (esto ya no en el prólogo, esto es asunto mío), los hombres de familia, y las madres, siempre tan temerosas; nunca está de más averiguar cuáles son las fantasías turbias que andan por ahí, mientras dormimos la siesta y los chicos juegan en la esquina.

Cuando empecemos a escuchar en las calles desamparadas los gritos de “¡Garros a la órbita!”, dará sus frutos haberse tomado el tiempo de leer esta novela.