Archivo para novela

leones en la ruta

Posted in reseña with tags on 23/02/2011 by Gonzalo Viñao

The road, Cormac McCarthy (Mondadori 2007)
por Gabriela Cancellaro*

¿Existían los libros que podían leerse como si fueran una película antes de la aparición del cine? ¿o son consecuencia de su invención, que transformó para siempre la manera de contar? ¿es el cine consecuencia de la narración o fue un elemento que modificó a la literatura de una vez y para siempre? ¿será tal vez que los que cambiamos fuimos nosotros, seres audiovisuales con cerebros acostumbrados a pantallas?

Cormac McCarthy podría responder estos interrogantes con autoridad, ya que cuatro de sus diez novelas publicadas hasta el momento atravesaron con suerte dispar el desafiante proceso de la adaptación a 35 mm.: All the pretty horses, No country for old men, Sunset Limited y The road, la historia que le valió el premio Pulitzer 2007.

The road podría definirse como una historia de pocas palabras. Silencios obligados por la necesidad de supervivencia, enseñanzas transmitidas de padre a hijo bajo una manta encontrada al costado de la carretera que lleva al mar. Una travesía a través de un mundo post apocalíptico en el cual no hay salvación en la tierra ni en el cielo.

Es la historia de un amor paternal leonino plasmado en un juego de matar o morir. Porque la muerte es la tercera protagonista: muertos los hombres, muerta la civilización. Solo resta caminar y caminar hacia el destino incierto: la vaga esperanza de una playa con la que el hijo sueña y a la que el padre lucha con denuedo por llegar. El mismo denuedo con el que trata de mantener viva la llama de la infancia en ese niño demasiado pequeño y vulnerable, nacido justo cuando ya no tenía sentido nacer.

Muerte, y amor para enfrentarla. Tal parece ser la fórmula de McCarthy, quien tiene predilección por los espacios abiertos e infinitos que nos recuerdan que no somos nada ante la inmensidad.

La confesada inspiración para The road en su paternidad tardía (a los 66 años) devela con claridad la metáfora: los temores acerca del fin de la existencia, el miedo visceral ante el hecho concreto y angustiante de cualquier padre ante la inminencia de la propia finitud y la preocupación por los que se deja atrás, cuando se siente que no están preparados para seguir solos.

La desesperación por la vida más allá de la propia vida y su devenir se adivina en todas las acciones del padre: su instinto animal, las toscas caricias durante los escasos momentos de tranquilidad y la mirada vigilante mientras el hijo duerme (un descanso acosado por los fantasmas grises de los otros – pocos – sobrevivientes, algunos resignados y otros mortalmente peligrosos).

El ritmo lento de la caminata se equilibra con los diálogos azuzados por la curiosidad natural del chico de seis años, brillantes en su economía para transmitir lo esencial, que en este caso es lo que se necesita para seguir andando.

En The road, la prosa es poesía. Precisa, compacta, certera. Heredero de la tradición de los mejores novelistas norteamericanos (a menudo comparado con Hemingway o London), McCarthy sitúa esta historia en la gran trama de la lucha del hombre contra el hombre y contra la naturaleza muda pero implacable.

La perfección de The road radica en esa belleza árida pero indiscutible. Una belleza desamparada que arranca lágrimas ante su verdad profunda: el amor de un padre por su cría y el temido, inevitable adios.

 

Links:

Cormac McCarthy en Wikipedia

*Gabriela Cancellaro:
www.noentiendonada.wordpress.com

 

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el porvenir es la resaca del pensamiento

Posted in reseña with tags on 20/02/2011 by Gonzalo Viñao

“Riña de gallos”, Sebastián Chilano (Ediciones B, 2010)

por Gonzalo Viñao*

“Dos de cada tres personas que se enferman deberían consultar a un nigromante. La restante debería morir en la hoguera, como los escritores.”

¿quién es la persona que tenemos con nosotros? ¿es siempre la misma persona? ¿somos nosotros siempre los mismos? ¿cuánto es capaz de cambiarnos el amor, el amor por otra persona, por alguien que un par de semanas atrás fuera un perfecto desconocido y hoy, en dos días o en media hora, se transforma en el centro de nuestras vidas? ¿y cuánto somos capaces de cambiar por desamor?

la persona a la que amamos ¿es la misma cuando dejamos de amarla? ¿cuando deja de amarnos?

esas preguntas, que podrían ponerse como ejemplo perfecto de la pregunta retórica, y que en ciertos momentos tienen la pésima costumbre de atormentarnos sobre un fondo de duda insoluble, me rebotaron en la cabeza sin pausa ni tregua durante toda la lectura de “Riña de gallos”; el entramado de emociones de donde surgen esas preguntas es el entramado sobre el que se sostiene toda la construcción de la novela y, al mismo tiempo, por extraño que resulte, es el entramado de emociones sobre el que se articula la escritura misma, el pulso del narrador, el “color” de la voz que nos cuenta la historia

una rareza: muchas veces el punto de partida de un relato está dado por el sonido particular de una emoción, generalmente tenue y lejana, difícilmente identificable, que suena como el eco de un eco en la cabeza del escritor; la dificultad que presenta alcanzar en la escritura estas emociones queda demostrada, sin dudas, por los muy escasos relatos en los que vemos a un autor representarlas con éxito; en esto sostengo la idea de que Sebastián Chilano es un escritor de verdadero talento: la serie de emociones de las que nace su novela recorren su escritura, y están presentes como una corriente subterránea que nos devuelve, una y otra vez, a las mismas preguntas sin respuesta, a la misma duda sin fondo, ¿quiénes somos en relación con los otros? ¿quiénes son los otros en relación con uno?

“Riña de gallos” es, entonces, una novela de desamor, una novela sobre el desasosiego del amor, sobre el desencuentro, sobre la pérdida de la identidad (de la propia, de la ajena, sobre la disolución de la identidad en el otro); circunstancialmente lo dice Gabriel, el protagonista de ese no romance, al hablar de Clara: “Mi amiga cree que sale con dos hombres, pero piensa que los dos hombres son la misma persona. (…) yo creo que, en realidad, sale con uno solo de esos hombres y ella quiere creer que son dos, o que el otro hombre piensa que es una y otra persona, y se lo hace creer a ella, o… ”

Como en las historias de amor de la vida cotidiana (por contrapartida al amor de la novela rosa), “Riña de gallos” es un juego de espejos, de unos espejos en los que cada uno busca el reflejo que le proporciona el otro, hasta que ese reflejo de pierde, se deforma, no se encuentra, y el juego ya no es un juego, y el deseo es ansiedad y el amor es desesperación, y las pasiones se transforman en versiones aberrantes de sí mismas. La identidad de los personajes, en el proceso, se disuelve por infusión en el caldo de la incertidumbre.

Me preguntaba, y lo hacía sinceramente, mientras leía la novela, ¿quién soy y quién dejo de ser a partir de los demás? a partir de esa persona que un día y por puro azar, autorizamos a redefinir arbitrariamente todos los parámetros de nuestro propio mundo, ¿quién soy y quién dejo de ser cuando esa persona, inexplicablemente (o no), se transforma en otra, o creemos que se transforma en otra? ¿y quién esa persona nueva y desconocida? ¿quién soy yo mismo a partir de ese momento?

los mundos que edificamos alrededor de los demás, alrededor de los otros (aunque no cualquier otro), se construyen y se desmoronan arbitrariamente y a la velocidad del viento, y no siempre nos encuentran prevenidos, preparados, aptos; ¿qué sucede entonces cuando no estamos atentos? ¿cuando no estamos en condiciones de aceptar esa destrucción? ¿cuando no estamos en condiciones de reconstruirnos… solos?

La novela de Chilano encuentra el espacio para narrar su historia en la zona indefinida del sinsentido que se dispara a partir de todas estas preguntas, y navega esa niebla sin respuestas, bajo la premisa de que “Cuando uno se enceguece, la verdad parece más turbia que una noche de tormenta.”

Links:

Sebastián Chilano

http://sebastianchilano.blogspot.com/

http://facebook.com/sebastian.chilano

*Gonzalo Viñao

http://costanegra.blogspot.com/

 

“Dos de cada tres personas que se enferman deberían consultar a un nigromante. La restante debería morir en la hoguera, como los escritores.”

“(…) el porvenir es la resaca del pensamiento.”

¿quién es la persona que tenemos con nosotros? ¿es siempre la misma persona? ¿somos nosotros siempre los mismos? ¿cuánto es capaz de cambiarnos el amor, el amor por otra persona, por alguien que un par de semanas atrás fuera un perfecto desconocido y hoy, en dos días o en media hora, se transforma en el centro de nuestras vidas? ¿cuánto somos capaces de cambiar por desamor?

la persona a la que amamos ¿es la misma cuando dejamos de amarla? ¿Cuándo deja de amarnos?

esas preguntas, que podrían ponerse como ejemplo perfecto de la pregunta retórica, y que en ciertos momentos tienen la costumbre de atormentarnos sobre un fondo de duda insoluble, me rebotaron en la cabeza sin pausa ni tregua durante toda la lectura de “Gallos de riña”; el entramado de emociones de donde surgen esas preguntas es el entramado sobre el que se sostiene toda la construcción de la novela y, al mismo tiempo, por extraño que resulte, es el entramado de emociones sobre el que se articula la escritura misma, el pulso del narrador, el “color” de la voz que nos cuenta la historia

una rareza: muchas veces el punto de partida de un relato está dado por el sonido particular de una emoción, generalmente tenue y lejana, difícilmente identificable, que suena como el eco de un eco en la cabeza del escritor; la dificultad que presenta alcanzar en la escritura estas emociones queda demostrada, sin dudas, por los muy escasos relatos en los que vemos a un autor representarlas con éxito; en esto sostengo la idea de que Sebastián Chilano es un escritor de verdadero talento: la serie de emociones de las que nace su novela recorren su escritura, y están presentes como una corriente subterránea que nos devuelve, una y otra vez, a las mismas preguntas sin respuesta, a la misma duda sin fondo, ¿quiénes somos en relación con los otros? ¿quiénes son los otros en relación con uno?

“Gallos de riña” es, entonces, una novela de desamor, una novela sobre el desasosiego del amor, sobre el desencuentro, sobre la pérdida de la identidad (de la propia, de la ajena, sobre la disolución de la identidad en el otro); circunstancialmente lo dice Gabriel, el protagonista de ese no romance, al hablar de Clara: “Mi amiga cree que sale con dos hombres, pero piensa que los dos hombres son la misma persona. (…) yo creo que, en realidad, sale con uno solo de esos hombres y ella quiere creer que son dos, o que el otro hombre piensa que es una y otra persona, y se lo hace creer a ella, o… ”

Como en las historias de amor de la vida cotidiana (por contrapartida al amor de la novela rosa), “Gallos de riña” es un juego de espejos, de unos espejos en los que cada uno busca el reflejo que le proporciona el otro, hasta que ese reflejo de pierde, se deforma, no se encuentra, y el juego ya no es un juego, y el deseo es ansiedad y el amor es desesperación, y las pasiones se transforman en versiones aberrantes de sí mismas. La identidad de los personajes, en el proceso, se disuelven por infusión en el caldo de la incertidumbre.

Me preguntaba, y lo hacía sinceramente, mientras leía la novela, ¿quién soy y quién dejo de ser a partir de los demás? a partir de esa persona que un día y por puro azar, autorizamos a redefinir arbitrariamente todos los parámetros de nuestro propio mundo, ¿quién soy y quién dejo de ser cuando esa persona, inexplicablemente (o no), se transforma en otra, o creemos que se transforma en otra? ¿y quién esa persona nueva y desconocida? ¿quién soy yo mismo a partir de ese momento?

los mundos que edificamos alrededor de los demás, alrededor de los otros (aunque no cualquier otro), se construyen y se desmoronan arbitrariamente y a la velocidad del viento, y no siempre nos encuentran prevenidos, preparados, aptos; ¿qué sucede entonces cuando no estamos atentos? ¿cuando no estamos en condiciones de aceptar esa destrucción? ¿cuando no estamos en condiciones de reconstruirnos… solos?

La novela de Chilano encuentra el espacio para narrar su historia en la zona indefinida del sinsentido que se dispara a partir de todas estas preguntas, y navega esa niebla sin respuestas, bajo la premisa de que “Cuando uno se enceguece, la verdad parece más turbia que una noche de tormenta.”

Ensayo sobre la lucidez

Posted in reseña with tags on 17/02/2011 by Gonzalo Viñao

Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago (Alfaguara)

por Paula Fernandez Vega*

José Saramago es, sin dudas, un escritor comprometido. Ideales fuertes, ironización del poder y una capacidad admirable para explayar una idea clara sin dejar de lado la elaboración de una novela genialmente construida. En el caso de “Ensayo sobre la lucidez”, sus clásicos recursos, como lo son la utilización de la segunda persona del plural, la utilización de escenarios sociales (ciudades, multitdes, organismos de poder, etc.), el cambio de “cámaras” al estilo cinematográfico y un lenguaje coloquial y fluido, que se retroalimenta constamente a través de metáforas, aluciones a otras circunstancias, etc., se ven perfectamente enlazados.

Una historia que parte de un realismo mágico tan posible como disparatado y que, a través de la cotidiianeidad, el humor y el desarrollo aparentemente normal de una historia, nos inmiscuye en los aspectos más terribles y miserables del ser humano y de los mecanimos de poder. Quien se atreve a ver detrás del argumento, de la configuración de personajes mundanos, puede desentrañar grandes respuestas a los grandes problemas políticos y hasta sociológicos que acechan al mundo actual.

Por eso, además de ser un autor que interactúa abiertamente con el lector, lo involucra (o, lo que es mejor, le da la libertad de involucrarse) en una reflexión sobre su vida normal y un replanteamineto sobre lo que creía correcto y verdadero. No es lo que importa el argumento, porque al terminar la última línea, la sensación es que, aunque la historia sea otra, el final y la repercusión en el lector sería el mismo. Ese es uno de los logros más importantes e indiscutibles de Saramago: exceder los límites formales del desarrollo de modo que este sólo sea un medio para que una idea inicial quede clara y correctamente contextualizada.

Todos deberían leer a este autor. Y esta es, particularmente, una novela que se luce en estructura y se oscurece en sus intenciones incómodas, que tan lejos están de la literatura actual. Que indica que no hace falta una complejidad del lenguaje, una complicación temporal y espacial del argumento o una presentación exhaustiva de teorías filosóficas para contarle al mundo una nueva verdad, o al menos hacer que le comience a picar la duda. Y ese se sabe que es un camino de ida.

Links:

José Saramago en Wikipedia

*Paula Fernandez Vega: http://divaguesdiarios.blogspot.com

un inglés tan raro

Posted in reseña with tags on 06/02/2011 by Gonzalo Viñao

“Los versos satánicos”, Salman Rushdie (1988)

por Gonzalo Viñao*

la novela empieza con dos tipos cayendo por el aire a veinte mil metros de altura, con ropa de calle, uno incluso lleva puesto un sombrero que no arredra frente al vértigo y el torbellino de semejante caída; el otro canta, el primero le pide silencio

uno de estos protagonistas, en el transcurso de la novela, se transforma en sátiro; el fantasma de una mujer persigue a su esposo en una alfombra voladora mientras el esposo viaja en tren, y le habla a través de la ventanilla; el Arcángel Gabriel es un actor indio que pasea por Londres y no entiende qué carajo está pasando, mientras los sueños que son delirios bíblicos se le injertan en la realidad

la historia es perfectamente verosímil de la primera hasta la última palabra: cualquiera diría que los sucesos transcurren en la realidad más ordinaria; al mismo tiempo, la novela es un manifiesto sobre la situación de los emigrados hindúes y musulmanes en Europa, sobre la intolerancia religiosa, sobre el racismo, sobre la capacidad individual de tolerar cualquier cosa a cambio de nada, sobre hombres que se transforman en monstruos al aceptar como ley natural la mirada ajena

la crítica emparenta a la novela de Rushdie con el realismo mágico, ese invento sudamericano que le permitió al negocio editorial vender libros de García Márquez e Isabel Allende; desde hace años, la incapacidad de los críticos de mirar otra cosa que no sea el propio ombligo los lleva a catalogar, bajo el rubro “realismo mágico”, cualquier cosa que no responda a los estándares de su mediocre percepción de la literatura; baste con decir que el mismo concepto de “realismo mágico” les parece una cosa tan inteligente…

el ciudadano británico Salman Rushdie, Caballero del Imperio desde 2007, llegó a Londres a la edad de catorce años, procedente de Bombay, ciudad en la que naciera en el año 1947 (como se dice generalmente) en el seno de una familia acomodada; su padre estudió en Cambridge, donde él mismo obtuvo en 1968 la maestría en historia, síntoma y consecuencia de aquel acomodo

Salman, además del nombre y la carga genética, tiene la facha de un perfecto y lascivo demonio salido de alguna ilustración de un kama-sutra impreso en el once; pero hasta ahí llegan todos sus vínculos con el infierno; Salman es un tipo tan pacífico, pero tan pacífico que, en un intento por evitar todo tipo de enfrentamientos violentos, decidió vivir oculto, y así lo hizo, entre 1989 y 1998

¿por qué alguien decide esconderse del público (y de los servicios secretos y de los terroristas de una importante cantidad de países) durante nueve años?

cuando leo los versos satánicos no puedo dejar de imaginarme a Salman en un estado de crisis paroxística después de mezclar en un peligroso cóctel una serie de elementos poco convenientes: la enciclopedia británica, el corán (en, al menos, una docena de ediciones y cuatro o cinco idiomas), el ramayana, una guía lonely planet sobre la India y el Bhagavad Ghita y el Mahabharata, la biblia (antiguo y nuevo testamento, evangelios, cartas, apócrifos y en especial un par de estudios recopilatorios muy completos sobre el Apocalipsis), el conjunto legislativo sobre inmigración en Europa, una reseña sobre Peronismo & Descamisados (y vaya a saber qué tipo de informes sobre actividad política en el río de la plata durante la década del ‘50), un compendio de psicología sobre la soledad y la locura mísitica, y…

según testigos confiables, Salman despachó la infusión de un golpe de garganta, una mañana de domingo antes de ponerse los calzoncillos, con un ojo puesto en la Babilonia frente al balcón de su casa (Londres), y el otro vuelto hacia las inefables profundidades de sí mismo, donde creyó ver a Dios, pero tardíamente confesó haberse equivocado (no era más que un raro efecto de la luz a esa hora del levante)

el resultado de la consecuente descompostura: esos increíbles versos satánicos que por aquel entonces despertaron el rechazo de cierto anciano, digamos, uno de esos personajes que “ejercen influencias”; me refiero a un tal Ruhollah Jomeiní, a quien era obligado denominar “ayatolá”, ya que se trataba del líder religioso del Irán

si la combinación de las palabras “Jomeiní”, “ayatolá” y “lider religioso del Irán” no son capaces por sí mismas de avivar nuestras imaginaciones, podemos completar el panorama con varias escenas de atentados con coches bomba, terroristas suicidas activando cinturones cargados con C4 en los shoppings y estaciones de trenes del mundo, secuestros dramáticos como aquel de los atletas israelitas en Munich, ejecuciones públicas, lapidación de mujeres, aviones cargados de pasajeros explotando en los aeropuertos, ejércitos de partisanos entrenando en campamentos secretos monitoreados por los satélites espías de los estados unidos, etc.

y la otra palabra que deberíamos tener en cuenta es “fatwa”, porque esa es la palabra que el Ayatolá Jomainí lanzó sobre la cabeza del ciudadano británico no violento Salman Rushdie en cuanto terminó la lectura de los versos satánicos, produciendo el efecto inmediato de acelerar el tránsito fecal en el esfínter del escritor

una fatwa es un pronunciamiento legal regido por las leyes del islam, base del derecho civil en los países islámicos; de los muchos especialistas y sacerdotes capacitados para emitir una fatwa, el Ayatolá es el único cuyas fatwas son indiscutibles e irrevocables, a tal punto que, incluso, sólo el mismo Ayatolá es el único autorizado a retirarla, suspenderla o cancelarla

en 1988 los versos satánicos desataron una controversia inmediata en el mundo islámico, debido a la supuesta irreverencia con que se trata en sus páginas a la figura del profeta (donde “el profeta” es sinónimo inmediato de “Mahoma”); en India la novela se prohibió el 5 de octubre y en Sudáfrica el 24 de noviembre, en la siguientes semanas la censura alcanzó a Pakistán, Arabia Saudita, Egipto, Somalia, Bangladesh, Sudán, Malasia, Indonesia, y Qatar; sumadas las poblaciones de esos países, algo así como al 35% de la población mundial se le negó la posibilidad de leer la novedad editorial de Salman Rushdie, esto sin contar a los seguidores del islam en los países no islámicos

entonces aparece el Ayatolá Jomeiní y, el 14 de febrero de 1989, manda a leer por Radio Teherán la fatwa que acusa al libro de “blasfemo contra el islam”, acusa a Rushdie de apostasía y ordena castigarlo con la muerte; esto quiere decir que Jomeiní hizo un llamamiento universal a todos los miembros del islam del mundo, ordenándoles matar a Salman Rushdie donde fuera que se lo encuentre (incluídos también aquellos editores que publicaron el libro) bajo pena de incumplir una ley religiosa; el estado de Irán, a instancias de Jomeiní, ofrece una recompensa de tres millones de dólares por la cabeza, sin vida, del escritor

arranca entonces una larga sucesión de protestas contra el libro, y esta increíble avalancha desencadena consecuencias impensables; enumeremos:

  • 12 de febrero de 1989: cinco personas “abatidas” (palabra que el periodismo entiende como sustituto políticamente correcto de “muertas”) por la policía en una protesta contra el libro en Islamabad.
  • en 1991, Hitoshi Igarashi, traductor del libro al japonés, es asesinado en Tokio; el traductor italiano es golpeado y apuñalado en Milán.
  • en 1993 el editor noruego de Rushdie, William Nygaad, es tiroteado en su casa en Oslo y resulta gravemente herido.
  • también en 1993, treinta y siete personas (pongamos el número para que quede claro: 37) mueren quemadas en un hotel en Turquía, a manos de los manifestantes que protestaban contra Aziz Nesin, tradutor de la novela al Turco.

en 1997 el estado de Irán duplicó la recompensa por la muerte de Rushdie, y al año siguiente el fiscal general de ese país ratificó la fatwa; el problema con esta fatwa es que el único con poder para retirarla es el Ayatolá Jomainí, muerto en el año 1989

en 1998, finalmente, el estado Iraní se comprometió públicamente a no perseguir a Rushdie, esto gracias a la intervención del gobierno Británico, en su búsqueda por normalizar las relaciones entre los dos países; sin embargo, muchos miembros del islam consideran que la fatwa de Jomeiní continúa vigente

Salman se ha manifestado sucesivamente como un hombre no religioso, aunque respestuoso del islam, y aún hoy defiende su novela y declara que no fue jamás su intención maltratar la figura de Mahoma; sus argumentos pueden leerse en su ensayo “In good faith” del año 1990

con un saldo de más de cuarenta víctimas en la memoria de los Versos Satánicos, Rushdie dejó de vivir oculto y continuó publicando sus libros, incluso se lo puede ver en dos o tres películas y (cuándo no, el amigo Bono con su nariz en todas partes) en el video de U2 “the ground beneath her feet”, compuesto sobre la letra de un poema escrito por Rushdie como parte de una de sus novelas

Links:

Salman Rushdie

*Gonzalo Viñao:

http://costanegra.blogspot.com/

Pulp

Posted in reseña with tags on 02/02/2011 by Gonzalo Viñao

“Pulp”, Charles Bukowski. Anagrama, Barcelona, 2010.

* por Carolina Bugnone

§

“Ella entró en mi oficina.
Bueno, o sea, aquello no era justo. El vestido le estaba tan apretado que casi le estallaban las costuras. Demasiados batidos de chocolate. Llevaba unos tacones tan altos que parecían zancos. Caminaba como un borracho contoneándose por la habitación. Un glorioso vértigo de carne.
-Siéntese, señora –le dije.
Se dejó caer y cruzó las piernas muy arriba, tan condenadamente cerca que se me salían los ojos de las órbitas.
-Encantado de verla, señora –le dije.
-Deje de hacerse el bobo, por favor. No tengo nada que no haya visto usted nunca.
-En eso se equivoca, señora. ¿Podría darme usted su nombre?
-Señora Muerte.
-¿Señora Muerte? ¿Es usted del circo? ¿Del cine?
-No.
-¿Lugar de nacimiento?
-Da lo mismo.
-¿Año de nacimiento?
-No se haga el gracioso.
-Sólo intentaba tener algunos antecedentes.”

§

“Pulp” es de esas novelas que uno no puede dejar de leer desde el primer párrafo. La dedicatoria del libro “A la mala escritura” marca de entrada el tono en el que se desarrolla. La historia discurre como agua pero de insípida no tiene nada, más bien lo contrario. Sabores ácidos, picantes y francamente humorísticos se deslizan desde el principio y no dan ningún respiro al lector.

§
Nick Belane, el protagonista, es un personaje que transita por la vida con desparpajo y aparente desinterés por cualquier cosa que no sea sí mismo. Un detective perdedor y alcohólico que se topa con las situaciones más inverosímiles, tan bien escritas y desarrolladas que uno entra en la trama como un personaje más, no sin impacto por el nivel de disparate y con placer por sumergirse en las escenas, que aunque completamente ridículas sostienen con asombrosa solidez el relato. El lector puede preguntarse si los acontecimientos son parte de la realidad en la historia o una serie de alucinaciones del protagonista producidas por el alcohol.

§
Centrado en unos pocos y deliciosos personajes, se reitera la figura de la mujer como un ser sexualmente provocador y deseable (deseo que Nick nunca concreta, porque es un perdedor o porque sencillamente le gana el interés por el vodka) y a la vez con el poder de destruir. Lo femenino es lo destructivo, y los hombres se presentan como seres brutos, violentos o simplemente estúpidos. Nick Belane se la pasa yendo detrás de algo, ese camino marca el hilo de la novela y las contradicciones e imposibilidades que se le multiplican a medida que cree avanzar cuando todo le indica que está detenido siempre en el mismo lugar.

§
La bebida, los bares, los camareros, las armas, las amenazas, las mujeres y las metidas de pata repetidas tejen el mundo ágil y atrapante que Bukowski nos tira en la cara con esta novela.
Uno tiene la sensación de que al autor realmente no le importa nada. Pero el humor recurrente y ocurrente entrama fragmentos en los que habla sobre la insensatez del mundo, la inevitable soledad de las personas, el tedio de dejar pasar la vida sin ideales ni nada que valga la pena, la inconsistencia de las cosas, el dejarse morir.

§
“Así que allí estaba yo, sentado, escuchando la lluvia. Si me hubiera muerto en aquel mismo instante nadie habría derramado ni una sola lágrima en todo el mundo. Tampoco es que yo lo quisiera. Pero era raro. ¿A qué grado puede llegar la soledad de un mamón? Pero el mundo estaba lleno de pedos viejos como yo. Sentados, escuchando la lluvia, preguntándose a dónde se había ido todo. Uno sabe que es viejo cuando se sienta a preguntarse a dónde se ha ido todo.”

§
Vale la pena mencionar que el final de la historia es de una poesía y delicadeza inesperada, en los últimos párrafos, contrastando brutalmente con el nivel de crudeza y acidez de toda la novela. Lo cual la hace indudablemente más interesante, y una pieza cítrica y divertida que brilla con luz propia.

§ §§

Links:

Charles Bukowski

*Carolina Bugnone:

http://lasletrasynosotrosoque.blogspot.com/

“¡Garros a la órbita!”

Posted in reseña with tags on 24/01/2011 by Gonzalo Viñao

Fernando del Río, “Que así sea” (Ediciones B – 2010)

por Gonzalo Viñao


“Que así sea” es una novela sobre el destino, sobre esa huella que perseguimos como si se tratara de un rastro trascendental, mirando hacia atrás y adelante en el intento de rearmar en la imaginación el camino, pero sin saber por qué o a dónde nos lleva. Una novela sobre la influencia que esa huella, el destino, ejerce en unos personajes inestables, personajes en estado crítico/crónico. Esos personajes, frente a las cuestiones del destino e incapaces de resolver sus misterios, se dejan llevar “como quien se relaja haciendo la plancha en el mar y termina a doscientos metros de la costa escuchando los silbatazos del bañero”; en un contexto de fantasía macabra, la desorientación general no es otra que nuestra propia desorientación en la vida cotidiana, y en el contraste entre la vida real y la ficción aparecen con elocuencia nuestras propias dudas y ambigüedades, nuestras vacilaciones, reflejadas en un mundo cuya ausencia de sentido es idéntica a la ausencia de sentido en nuestro propio mundo. “Que así sea” es, entre otras cosas, una fantasía oscura que se libera de nuestra realidad concreta (arrinconándola) hasta causar el vértigo de una realidad probable, a la que agradecemos sus giros más escatológicos (porque ahí, y sólo ahí, podemos respirar “aliviados” y decir “no, esto no es posible”…)

FdR se detiene a jugar en las sombras de la experiencia, desde ahí construye un punto de vista que incorpora lo morboso y lo grávido, con una oscuridad que se muestra a plena luz del día, como un hábito, como cualquier otra costumbre atávica, una de esas costumbres que definen a los hombres a través de las épocas. Esto pone al lector en una situación difícil: los aspectos más oscuros de la novela son el único oasis, hay que beberse con los ojos lo más sucio, porque el resto, lo que en apariencia es más alegre y tranquilo, nos hace sospechar de nosotros mismos y del mundo en que vivimos, un mundo con los brazos abiertos para recibir en su ceno las fantasías más terribles que habitan este relato.

El más actual y descarnado folclore urbano, en su oscuridad anónima, morbosa, se mueve impunemente en esta historia, una historia que transcurre en una ciudad impune:  mar del plata en las calles, en los bares, en la arquitectura de encuentros y desencuentros sobre el espacio urbano, en plazas y supermercados, pero también en el pulso, en el imaginario cotidiano: en el Dr. Rolita, médico cirujano devenido curandero, que a raíz de cierto asunto legal se alejó de los quirófanos para siempre; en los adolescentes enamorados y en la proyección a la locura de los nuevos hábitos y de las nuevas tribus; en la vieja enfermera devota, con sus alardes de religiosidad egoísta y temerosa, abnegada, siempre fuera de época; en el estudiante renegado que atraviesa la vida como si de verdead se tratara de un misterio. Para todos: la búsqueda infinita de manifestar un dolor consustancial a la existencia a través de la corrupción moral, las amputaciones físicas y las supersticiones religiosas.

Una construcción sinfónica reúne a los personajes, una arquitectura en la que cada cual toca su instrumento como mejor sabe hacerlo y en sus propios términos, y se ponen en órbita unos en relación con los otros, a veces hasta la colisión perfecta. Sobre la historia, envolviéndola en su sombra, la figura del padre, las relaciones y los ecos que surgen de ella, su presencia, como la clave inhallable para descifrar un acertijo imposible.

Si la novela se hubiera publicado un siglo atrás, llevaría un prólogo que dijera más o menos lo siguiente: para recaudo de los tontos, y para que aprendan, sin necesidad de enfrentar a la cruda realidad en sus ámbitos más sórdidos, sobre los males de este mundo. Y muy especialmente para los padres (esto ya no en el prólogo, esto es asunto mío), los hombres de familia, y las madres, siempre tan temerosas; nunca está de más averiguar cuáles son las fantasías turbias que andan por ahí, mientras dormimos la siesta y los chicos juegan en la esquina.

Cuando empecemos a escuchar en las calles desamparadas los gritos de “¡Garros a la órbita!”, dará sus frutos haberse tomado el tiempo de leer esta novela.